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Edificios inteligentes y mantenimiento conectado: del dato a la acción

Repasamos nuestro paso por las 27as Jornadas sobre gestión y mantenimiento en los edificios.

Business Development Manager

Hace un par de semanas participé en las 27as Jornadas sobre y Gestión Mantenimiento en los Edificios. Y lo hice compartiendo con todos los presentes nuestra visión práctica sobre cómo utilizar la sensórica, el IoT y las plataformas de gestión del mantenimiento para convertir los datos del edificio en acciones concretas que mejoren el confort de los usuarios, el cumplimiento normativo, la seguridad, la eficiencia energética y los costes de operación.

Si no pudiste asistir, aquí va un resumen de lo más destacado:

 

¿Qué buscamos realmente cuando aplicamos tecnología a un edificio?

Esta fue la pregunta que abrió la ponencia. Os respondo de nuevo por aquí: no sensorizamos los espacios solo para obtener más gráficos. Lo hacemos para mejorar el confort de las personas, consumir menos energía y recursos, trabajar de forma más eficiente, cumplir con las normativas y obtener ahorros operativos.

 

Y todo esto… ¿Cómo lo logramos?

A partir de ahí entré en la parte tecnológica, que es la base de todo el proceso.

Hablé de cómo las soluciones IoT actuales nos permiten medir prácticamente cualquier parámetro del edificio gracias a dispositivos de bajo consumo, larga duración, instalación sencilla y costes reducidos. Hoy en día, todo aquello que afecta al confort, a la energía o al funcionamiento del edificio (consumos, clima, humedad, partículas, ocupación, calidad del aire, riesgo de legionela, uso real de espacios…) puede medirse si dispones de la sensórica adecuada para cada caso de uso.

 

Tres historias que lo avalan

Para que esto no se quedara en conceptos abstractos, compartí tres casos reales.

1. Smart cleaning en centros comerciales

Colocamos tecnología en los baños para entender el uso real: cuántas personas entran, cuándo se agotan los consumibles, qué papeleras están llenas o si hay presencia de olores. Gracias a esos datos se ajustan las rutas de limpieza, se evitan desplazamientos innecesarios, se reduce el consumo de materiales y mejora la percepción del cliente, algo que se traduce directamente en mejores operaciones y ahorros.

 

2. Control de legionela

Aquí la sensorización permite monitorizar las condiciones críticas de forma continua, detectar desviaciones a tiempo y actuar antes de que se conviertan en un problema. Esto facilita enormemente el cumplimiento normativo.

 

3. Gestión de la ocupación de los espacios

Por otro lado, aplicar sensorización para el control de ocupación de los espacios también es gestionarlos mejor y aumentar el confort de los usuarios, además de tener presente las medidas de seguridad en situaciones de evacuación.

 

Ya tenemos datos. ¿Y ahora, qué?

Vistos los tres ejemplos, pasé a explicar el proceso que seguimos para convertir los datos en acciones. Lo resumí en cuatro pasos:

  1. Captar
  2. Diagnosticar
  3. Corregir
  4. Mejorar

A este ciclo le añadí un punto intermedio que cada vez tiene más peso: la automatización. En determinados escenarios, los propios datos —apoyados por otras soluciones como plataformas EAM— pueden generar acciones automáticas como avisos, órdenes de trabajo o solicitudes de revisión, sin necesidad de que alguien esté comprobando continuamente gráficas, paneles o desplazándose directamente hacia los activos.

 

Del dato al mantenimiento

Es precisamente en este punto intermedio en el que entra en juego el mantenimiento de forma directa. ¿Por qué? Veamos:

Cuando un sensor detecta una anomalía, el resultado no es solo “un dato nuevo”, sino una acción concreta sobre el edificio. Integrando la sensórica con un EAM se puede abrir una orden para revisar un equipo, planificar una intervención, solicitar un recambio o incluso registrar una incidencia en el histórico del activo.

Ese flujo es el que realmente conecta la sensórica con el día a día: el dato señala qué está pasando y el equipo de mantenimiento actúa sobre ello. Sobre esta base se apoyan los distintos módulos: mantenimiento, compras y stock, seguridad en las operaciones, datos e integraciones. Además, los técnicos de campo pueden trabajar con una app móvil, registrar lo que hacen en tiempo real y mantener trazabilidad de cada actuación, incluso en situaciones de baja cobertura trabajando en modo offline.

 

Un edificio formado por sistemas que hablan entre sí

Por otro lado, hay que considerar que, además de los sensores, en un edificio conviven muchos otros sistemas: EAM, BMS, BIM, GIS, ERP, entre otros. Cada uno aporta una parte distinta de la información: los sistemas informan del estado de los equipos, el EAM gestiona su mantenimiento, el modelo BIM sitúa los activos en el edificio, el GIS indica su posición en el espacio y el ERP relaciona las órdenes de trabajo con costes, materiales y presupuestos.

Al conectar estos sistemas con los procesos de mantenimiento del EAM, es posible planificar y priorizar mejor las actuaciones, apoyándose en datos que ya existen en el edificio y que antes estaban dispersos.

 

Hoja de ruta hacia el ‘Proceso 2.x’

El siguiente paso es aprovechar todo este contexto de datos y sistemas conectados con ayuda de la IA y especialmente de agentes, algo a lo que yo bautizo como Proceso 2.x.

Un ejemplo sencillo es la preparación de una sala para un evento. Un agente puede revisar la previsión meteorológica, comprobar cuántas personas asistirán, consultar el historial de incidencias en esa sala y ver el estado de los equipos de climatización. Con esa información es capaz de proponer arrancar antes el clima, ajustar consignas, generar una petición para revisar iluminación y conexiones eléctricas, recordar tareas de mantenimiento programadas y enviar un aviso para comprobar la sala antes del inicio.

En este enfoque pueden aparecen agentes especializados —clima, iluminación, seguridad, energía— que trabajan sobre los mismos datos y procesos de mantenimiento, y que sugieren o lanzan acciones cuando detectan ciertas condiciones.

En resumen, la ponencia se centró en cómo utilizar la sensórica y el IoT para entender mejor qué ocurre en el edificio, conectar esos datos con los procesos de mantenimiento y apoyarse en la automatización (y, progresivamente, en la IA) para pasar de la detección a la acción de forma más rápida y estructurada. El objetivo es operar edificios de manera más eficiente, segura y sostenible, tomando decisiones basadas en información real.

¿Quieres más información?

Si te interesa profundizar en alguno de los casos o en cómo aplicar este enfoque en tus propios edificios, estaré encantado de comentarlo contigo.